“La música puede cambiar al mundo, porque puede cambiar a las personas.”  – Bono

Ya es regla general poner en las metas de vida, el bucket list o intereses en las redes sociales el inciso “viajar por todo el mundo”. Que arranque esta página y me busque hasta mi casa el que no piense así. Tal vez es que somos nómadas por naturaleza y queremos andar de acá para allá. Otros tal vez buscan ser etiquetados de cierta clase social o la aceptación de algún grupo de amigos. No sé. Pero en alguna ocasión me puse a pensar que los que tenemos la dicha de vivir en Guatemala sabemos que no hay que ir muy lejos para encontrar cosas igual de increíbles que las que buscamos en todo el mundo. Y recuerdo una vez en especial en Antigua Guatemala que fui a un pequeño taller artesanal de un escultor llamado don Alfonso. Pasé más de una hora contemplando el trabajo del hombre y la obra maestra que estaba formando. Sus piezas las vendía en el mercado para el goce de turistas que buscan souvenirs o de locales con gustos por la cerámica. El punto es que don Alfonso tenía un don artístico en sus manos, dado en definitiva por Dios. Entre pláticas y comentarios con la gente que me acompañaba pensé: ¿estaba mal el hombre por utilizar su arte para cualquier objetivo menos dedicárselo a Dios? ¿estaba mal yo al comprar la pieza? Háganme la cara que quieran, pero me hice estas preguntas.

Tanto en las ciudades más grandes como en los pueblos más remotos; en las congregaciones más conservadoras como en iglesias liberales modernas me topo con pensamiento de inseguridad en cuestiones de lo que se puede o no hacer cuando se es cristiano. Tal vez es nuestra culpa por siempre resaltar todo lo que es prohibido al momento de enseñar sobre nuestra fe. “Ok, ¿ahora crees en Dios no? Bueno pues te digo de una vez que no podés consumir alcohol, fumar tabaco, escuchar música secular ni bailar pegado (o bailar siquiera)”. Y todo ese discurso en negativo de condiciones no hace más que mostrar el camino de salvación y vida eterna como una prisión en la tierra mientras volvemos a casa en el cielo. Personalmente, eso no me comunica la gran libertad que a Cristo le costó todo hace dos milenios. Claro que debemos tener una vida en santidad, pero si lográramos comunicarlo al revés, poniendo la misericordia de Dios como suficiente razón personal para sacrificar los deseos carnales y alimentar el espíritu, tendríamos cristianos más entregados y menos sometidos. Pienso que al sumergirnos en la palabra, podemos seguir una vida en santidad y conforme a lo que Él quiere, automáticamente alejándonos de lo incorrecto. Sin embargo, sigo viendo una duda en común: ¿es pecado escuchar música que no es cristiana? Personalmente me siento aludido al tratarse de lo que yo hago todos los días y creo que hay varios puntos que tomar en cuenta.

Así como el jarrón esculpido por Don Alfonso, hay música allá afuera que es creada por el simple amor a ella o por la necesidad de expresión que como seres humanos tenemos por default. Lo interesante es que Dios habla a nuestra vida a través de todo: la naturaleza, la experiencia, la familia y el conocimiento, y muchas veces perdemos la oportunidad de aprender algo nuevo por estar encerrados en las paredes de nuestra mente o del templo. Tendemos a pensar que canciones que no dicen “Aleluya” o “Toda rodilla se doblará” no son dignas de ser escuchadas por alguien que sigue a Cristo. El reino de Dios se muestra a nosotros en todas partes y las historias más cotidianas pueden darnos una lección, si tenemos la humildad de recibirlo. ¡Pero cuidado! esta libertad que se nos ha dado es para utilizarla con sabiduría y de la mano con la palabra de Dios. Porque a veces se es tan libre, que se es esclavo de la libertad. Y quiero demostrarlo.

“Todo me es lícito, mas no todo me conviene. Todo me es lícito, mas no todo edifica” son las palabras de Pablo a los corintios, y creo que lo deja bastante claro. Pueden no leer los párrafos anteriores y comenzar aquí, que da lo mismo. Para empezar, está de más aclarar que la música que de alguna manera ofende o insulta a Dios o a su creación no entra en discusión. Impulsar esta música y dejarla entrar en nuestro corazón es dejar entrar polvo. Y Dios no se reflejará en nosotros si somos un espejo lleno de polvo. Pero hay veces que la decisión no es entre pecado y santidad, porque cierta música no es ofensiva de esa manera y cae en un punto medio. Y mi manera de pensar es esta: tal vez no es pecado escuchar alguna canción que habla sobre un corazón roto, por ejemplo, pero tal vez no sea la mejor decisión. Todos vamos tras un objetivo (o al menos deberíamos) y debemos preguntarnos: ¿escuchar esto me acerca más a este objetivo? Puede que me haya desecho del pecado en mi vida y voy tras mi objetivo en santidad, pero puede seguir habiendo cierto peso que no vale la pena cargar. No hay mejor cosa que viajar ligero. Al final, y siempre lo he pensado, muy en el fondo siempre tenemos la respuesta a nuestras decisiones, pero no lo queremos aceptar.

Mis amigos, seamos libres de utilizar nuestra libertad, porque Alguien pagó un precio muy alto por ella. Pero utilicémosla con sabiduría también. Que ser libres no sea excusa para hacer lo malo. Si pensamos que cierto tipo de música nos puede hacer caer o siquiera tambalearnos, ya sea por el ritmo, la letra o el ambiente que crea, hagámosla a un lado. La música va más allá del tímpano y la piel y llega hasta el alma, y el enemigo lo sabe y la sabe utilizar. No soy quién para decidir por ustedes, porque las cosas que me tientan a mí y me podrían hacer caer son muy personales y distintas a las suyas. Y aun más allá: pensemos si lo que estamos escuchando puede hacer caer a alguien más, y estamos haciendo todo menos contribuir con su relación personal con Dios. Soltemos todo el peso que estorbe, y tal vez así, ustedes, yo y don Alfonso podamos viajar ligero y llegar al nuestro propósito en Dios más rápido y más enteros. Sobre todo, que la música que escuchemos no suene nunca más fuerte que la voz de Dios.     

Categories: Artículos

0 thoughts on “Música para mis oídos ”

Deja un comentario

Related Posts

Artículos

Las de la Biblia son mejores que las de las novelas

No hace falta que mires las novelas para conocer historias de amor, o desamor; esos dramas que solo permiten que te ilusionés, y perdás tu tiempo en historias sin lecciones de vida. Mejor te sugerimos Read more...

Artículos

¡Qué mujer más bonita!

En los tiempos modernos en los cuales estamos viviendo con el “boom” de las redes sociales; en donde podemos exponer nuestra vida ante los ojos de los demás aumenta más los criterios donde la mujer Read more...

Artículos

Crónicas de un partido

¡Es hora! Hoy le toca jugar a mi selección favorita, pondré el canal donde dijeron que  pasarían el partido, la transmisión inició desde hace minutos con la previa del partido, los analistas deportivos comentan las Read more...