“Joven no entiendo porque usted quiere realizar un evento cristiano en este lugar. Si yo le contara las cosas que se han hecho aquí usted se asustaría, este lugar no es para ese tipo de evento” esas fueron las palabras de la persona encargada de rentarme uno de los bares en donde hemos organizado la actividad evangelística llamada Jesus In.

La persona que me hizo ese comentario era una creyente. Ella estaba sorprendida y un poco molesta, no lograba concebir como unos jóvenes cristianos querían organizar una actividad para Jesús en un lugar donde usualmente no se haría.

Siempre he creído que Jesús puede brillar en donde sea, sin embargo muchas veces somos nosotros los que no permitimos que esto se dé.  Al igual que la persona encargada del bar, nos podemos llegar a intimidar y creer que hay ciertos lugares y ciertas personas que no van a aceptar a Jesús. Pareciera ser que como creyentes nos intimidamos y eso provoca que no queramos compartir de Jesús a otros.

El creyente no debería de retraerse, al contrario la misma palabra de Dios dice que somos como una luz que debe de ser puesta en alto para que brillemos. Esto implica que no nos avergoncemos de aquel que nos cambió la vida, Jesús.

Cuando era más pequeño no quería que nadie se enterara que yo era cristiano, pensaba que mis amigos me iban a rechazar por mis creencias. Estando en el colegio para el día las madres, los maestros nos pidieron que escribiéramos una carta dedicada a ellas. Tome la mía y tímidamente le escribí un versículo del libro de Salmos a mi madre, mis compañeros vieron eso y por unos instantes tuve temor de su reacción. Minutos después todos mis amigos me estaban pidiendo que colocara versículos en las cartas para sus madres.

Es un ejemplo sencillo, pero a la vez nos ilustra como la luz atrae a las personas. No debemos dejar de compartir acerca de Jesús bajo ninguna circunstancia. Es bíblico que la luz molesta a muchos pero enfoquémonos en brillar y dejar que sean ellos los que decidan. Cuando no compartimos de Jesús somos nosotros los que tomamos la decisión por alguien, si decidimos compartir la decisión está en ellos.

Recuerdo muy bien, el primer evento Jesus IN que hicimos, fue en un bar muy popular de la ciudad de Guatemala y en el mundo. Tenía que tomar la decisión de nombrar el evento como “Jesus IN” o algún nombre con el cual pudiéramos camuflajear la verdadera razón del evento, que era compartir de Jesús a nuestros amigos que no le conocían. Entonces leí Marcos 2:1-2

Después de varios días, Jesús regresó al pueblo de Cafarnaúm. Apenas se supo que Jesús estaba en casa, mucha gente fue a verlo. Era tanta la gente que ya no cabía nadie más frente a la entrada.

Este versículo se hizo vida en cada actividad, le pusimos de nombre “Jesus” y no ha habido un solo lugar capaz de contener la cantidad de personas que asisten. Todos los lugares logran su cifra record de personas durante estos eventos.

Si nuestros amigos que no conocen a Dios no se avergüenzan de compartir en redes sociales las cosas que hacen, que no son necesariamente edificantes ¿Por qué razón nosotros nos vamos a avergonzar de compartir de Jesús?

Afuera hay muchas personas que necesitan saber cuál es la cura para lo que les aflige, talvez es pecado o una enfermedad, sin importar lo que sea ellos necesitan a Jesús.

Mientras escribo esto se me ocurre lanzarles el mismo reto que lanzo al equipo de Jesus In ¿Recuerdan como todo el ejército de Israel estaba intimidado por el gigante filisteo llamado Goliat?

Creo que hay muchos cristianos intimidados de compartir de Jesús a ciertas personas, los ven con los mismos ojos de miedo que el pueblo de Israel miraba a Goliat.

Te quiero retar, piensa en ese amigo o familiar al que nunca le has compartido de Jesús y te intimida hacerlo. Presta atención a la razón por la que no lo has hecho y tírala al basurero más cercano. Sé cómo David y párate delante de ese gigante, acepta el reto. Toma tu teléfono y marca el número de esa persona e invítala a almorzar.

La vida de David no fue la misma después de vencer al gigante, la tuya no será la misma después de animarte a presentarle a Jesús a los demás, en especial a ese gigante que te ha tenido paralizado.

Sueño con el día en el que veremos a “Jesus In” todas partes de Guatemala. Toma el reto, haz algo atrevido que nunca antes habías hecho por Jesús.

Por Fernando Pappa


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