Es el Siglo XVIII, estás sentado en una hermosa mesa de madera, con tintero y pluma a la mano, una bella hoja de papel hecha a mano y con los sentimientos a flor de piel. Comienzas a escribir las más hermosas líneas de amor, culminas con un “Te amo” y tu firma en grande. Enrollas tu romántica epístola, la sellas con lacre, la entregas al cartero y esperas… esperas… esperas… Tres meses después, la persona que amas recibe tu carta. Esperas otros tres meses y por fin llega la respuesta. ¿¡Puedes imaginarte esto!? Hace dos siglos tenías que esperar seis meses para obtener respuesta a tus mensajes de amor, ¡Seis meses! Y eso si bien te iba, algunos esperaban hasta ocho meses. Para muchos de nosotros eso es simplemente impensable, seguramente cuando tú naciste ya existía el correo electrónico y los chats; los que somos más “viejitos”; nacimos cuando ya existía el teléfono y empezó el boom de los celulares. Sin embargo, hoy, sin importar la edad, el uso del internet y las redes sociales es tan cotidiano que ya no somos tan conscientes de la importancia que tiene en nuestras vidas. Y las relaciones sentimentales no se quedan fuera de ello. Por eso le puse a este artículo iLove.

Una de mis mejores amigas conoció a su hoy esposo por Facebook, hoy tienen 5 años de feliz matrimonio. Otra amiga, en un viaje a Sudamérica conoció a un chico, mantuvieron comunicación por correo y Skype por un año y medio y después se casaron, llevan 5 años de casados y tienen una hermosa nena. Yo conocí a un chico por Facebook, todo iba de maravilla hasta que él conoció a otra chica, se enamoró de ella y se casaron. Gulp.

Estoy casi segura que tú que me lees ya tuviste alguna experiencia con alguien a través de la red; o conociste amigos que ahora son entrañables (yo sí tengo amigos maravillosos que sólo conozco vía web), o de plano ya hasta te enamoraste de alguien que conociste en las redes sociales y en el peor de los casos, ya tronaste con esa persona y te rompieron el corazón. Las relaciones por internet tienen, como todo, su lado dulce y amargo también.

Conocer personas por internet nos da la libertad de expresarnos como quizás no lo haríamos en el mundo real; si grabaran las caras que haces cuando escribes en el Messenger de Facebook, o cuando le contestas un Whatsapp a esa “persona especial”, seguro te mueres de risa o de pena, porque no lo harías en persona. Escribir detrás de una computadora nos permite incluso adquirir una personalidad que no es la real, da pie a la fantasía y a la idealización y es ahí donde está lo peligroso de una relación así; en mi país, las estadísticas de trata de personas a través de las redes sociales son alarmantes y no creo que sea diferente en los demás países de Latinoamérica. No quiero decir que ahora desconfíes de cada persona nueva que conoces en la red y ahora sea un ermitaño gruñón que no hable con nadie, pero sí que seas muy cuidadoso (a) en este aspecto. El anonimato que ofrece el internet es emocionante como riesgoso. Por ello, en este asunto, como en todas las demás áreas de la vida, nuestra dependencia de Dios será la que determine nuestra seguridad.

No hay reglas establecidas acerca de este tema, si vas con tu pastor o líder a preguntarle qué dice la Biblia sobre esto, probablemente no escuches el ABC de las relaciones por internet. Pero lo que sí establece la Palabra de Dios, son principios para todas las áreas de nuestra vida, a Él no se le escapa una y lo primerito que debes tener súper en cuenta es lo que dice Marcos 12:30 “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (NTV)”. A veces no tenemos conciencia del tiempo que le dedicamos al internet por estar platicando con alguien, quizás hasta te desvelas y son las 2 o 3 de la mañana y sigues pegado al teléfono o la computadora. Louie Giglio, fundador de Passion Conferences, dice en su libro “Mi respirar”: “Sólo sigue el rastro de tu tiempo, tu afecto, tu energía, tu dinero y tu fidelidad. Al final del sendero, encontrarás un trono y lo que sea, o quien sea que esté en ese trono, es lo que más vale para ti. En ese trono, está lo que adoras”. ¡Otro Gulp! Haz una evaluación interna y pregúntate si le dedicas a Dios el mismo tiempo y esfuerzo que le dedicas a tu crush virtual, te sorprenderá lo vas a encontrar. Si esa relación (o intento de relación), está afectando tu comunión con Dios, ¡alerta roja!

Otro principio que encontramos en la Palabra, es uno que puedo firmar que te sabes de memoria “Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” Prov. 4:24 (NTV). ¿Verdad que sí te lo sabes? La pregunta es por qué no le hacemos caso. Ooops, perdón si dolió, pero es real. En las relaciones virtuales, resulta más fácil comprometer el corazón y enamorarse, porque al no conocer a la persona real, no podemos ver sus defectos y únicamente nos centramos en las virtudes que muestra (jura que su foto de perfil hasta tiene Photoshop y en verdad es un poco menos agraciado en persona). Así que mientras no conozcas a esa persona tal y como es, ¡no te enamores!, puedes resultar lastimado y eso se puede evitar si cuidas tu corazón. Cultiva una amistad sana, guarda los “te amos” para cuando en verdad sea amor, no abras tu corazón a la primera, ora a Dios para que te guíe y te muestre su voluntad en el asunto. Al principio te conté casos de éxito, pero también hay casos de corazones rotos. No hay nada escrito, por eso tienes que depender de Dios al 100 %

Para no hacerte el cuento más largo, me queda decirte lo que decía el rey Salomón: Gente joven: ¡la juventud es hermosa! Disfruten de cada momento de ella. Hagan todo lo que quieran hacer, ¡no se pierdan nada! Pero recuerden que tendrán que rendirle cuentas a Dios de cada cosa que hagan. Eclesiastés 11:9 (NTV). Y además de darle cuentas a Dios, dale cuentas a tus padres y a tus líderes espirituales, ellos tienen que saber sobre tus relaciones para cuidarte, aconsejarte y guiarte en qué es lo mejor para ti.  Y si esta loquilla que escribe aquí te puede ayudar en algo, no dudes en escribirme en Twitter @karlasidney ¡Feliz día del amor y la amistad! Te bendigo. En Dios haremos proezas.

Por Karla Sidney Novelo


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