Esto lo escribí hace dos años, cuando cumplíamos aproximadamente 2 meses de haber adoptado.

Ya cuarenta días de tener a nuestra tercera hija en casa. Cuarenta anocheceres de irme rendida a la cama agradeciendo mucho, rogando mucho, soltando mucho y esperando todo. Y cuarenta días de tener conversaciones bellas y duras. Entre nosotros, en familia, y con amigos, con hermanos. Y gente que con una chispa de esperanza en sus ojos, se nos ha acercado a expresar su inclinación hacia adoptar. Estoy profundamente agradecida, y es una respuesta más a mis oraciones, pero siento la responsabilidad de expresarles ciertas verdades: (y terminen de leerlo, no se vayan a medias!)

La adopción no es para los débiles de corazón. Es para los que son capaces de un nivel de empatía fuerte y convicciones de acero, y que mantienen la capacidad de maravillarse y agradecer por los pequeños avances. Adoptar es aceptar el hecho de que hemos mezclado en la esencia de nuestra vida, un sabor que lo cambia todo. Es aceptar que hay alguien que siempre necesitará atención para sus necesidades especiales. Y que eso es parte de la bendición. A simple vista, nuestros niños pueden parecer muy normales, pero no existe adopción sin necesidades especiales. En sus pasados hay dolor, hay desconexión, hay pérdida y hay luto. Y quien no está dispuesto a aceptarlo como parte del paquete, no está listo para hablarlo, lidiar con eso y sanar. Toma tiempo. No ese cuento del “tiempo de calidad”, sino tiempo. Y mucho. No pretendan agregar esto como que fuera un extra. Aquí se pone a prueba eso de “vivir por fe” y también que “el perfecto amor echa fuera el temor”. Y aquí, les quiero anunciar: Los momentos dulces, son tan dulces, que alcanzan para los demás ratos insípidos. “Adopción, mamá biológica, hijos biológicos” no son malas palabras. Son palabras usadas naturalmente en nuestra casa. Puede mencionarlas frente a nuestros hijos en el mismo tono de voz de la demás conversación. Las preguntas duras vendrán, y Dios provee respuestas bellas para cada una, si hemos estado dispuestos a ser re-configurados en oración en el proceso. Una de las recientes mientras desayunábamos: “¿cómo me escogieron?” a lo que respondí… nosotros no te escogimos. Dios te escogió para nosotros, igual que escogió a tus hermanos. Yo los tuve en mi panza pero no sabía quiénes eran, si serían niño o niña, o cómo serían sus ojos, y los amamos desde antes, porque Dios los escogió para que fuéramos familia. Dios arma las familias mija, y te había apartado para nosotros, sólo era cuestión de reunirnos. Y ya me preguntó si yo sé quién es su mamá biológica… “No sé mi amor. Pero lo que sí sé es Quién te hizo con sus manos, fue Dios. Y Él  mismo hizo a tus hermanos. ¡Qué bueno que naciste!” Tampoco nos interesa enterrar su pasado. Estamos convencidos que Dios hará belleza del polvo y que usará todo lo que el diablo quería robar, para traer más vida. Porque es lo que hace este Dios al que servimos.

La adopción no es ayuda social. Varias personas con la mejor intención me han dicho “que lindo ayudar a esos niños”…a lo que respondo en mi mente (y ahora aquí): Si me ven dándole almuerzo a mis dos hijos biológicos, no piensan “que buena gente, dándoles de comer”, porque es mi responsabilidad como mamá. Es lo que una mamá hace. Una señora hasta me dijo “que bonito, como que fuera suya!” Darly es nuestra tercera hija. No nuestra proyección social. Si alguien pretende la adopción para ser un mejor ciudadano y “ayudar”, es preferible apadrinar a alguien en alguna organización y hacer justamente eso. Ningún hijo que llega por medio del milagro de la adopción debe crecer sintiendo que debe, como que fuera un préstamo bancario. En todo caso, si se van a maravillar de algo, que sea que al vernos, se vean en nuestra hija, se identifiquen como hijos muy amados, adoptados como hijos legítimos de Dios, por medio de Jesús. Lo que hicimos es una sombra débil de lo que Él hizo.

La adopción no soluciona lo que sólo Dios, en Jesús puede solucionar. Y los hijos biológicos tampoco. Me refiero a que si la razón de tener hijos es para por fin “ser feliz” o “tener propósito” estamos fritos. Ser mamá (o papá) se trata de morir a uno, no de inflarse. Que terrible estrellón de cara es, cuando alguien decide tener hijos por las razones equivocadas. Y esto se sube de volumen cuando es por medio de la adopción. Ningún niño sobre la faz de la tierra es buena mascota. Oigo a gente que habla de tener hijos como un plan futuro de añadir otro hobbie que sólo les va a traer placeres, no de servir sacrificialmente a alguien con alma eterna. Si estás sola y la única razón para adoptar es satisfacer tu propia necesidad, te vas a llevar la sorpresa del siglo cuando en vez de obtener lo que esperabas, te sientes más sola, porque ese niño no fue como Anita la Huerfanita, o como esas niñas adorables de Mi Villano Favorito. Todos los niños de carne y hueso molestan, prueban los límites y vienen cundidos de necesidades profundas, y la adopción requiere de un adulto dispuesto a dejar alma y cuerpo, paciente y consistentemente, por el bien de alguien que quizás en muuuuchos años no muestre fruto. No necesita de otro niño herido al que sólo le creció la talla de ropa interior. La raíz de la soledad está en la falta de identidad en Cristo, y por eso, sólo en Cristo se puede solventar. Nadie, ni niño, ni una pareja, puede satisfacer el corazón que fue hecho por Cristo para Cristo.

Adoptar es una bendición. Esas fueron las palabras de nuestro hijo de 9 años. Con todo y todo, lo es. He dicho muchas veces, y lo seguiré diciendo: una vida bendecida no es una vida fácil. Luego de estos primeros 40 días, que a ratos se han parecido al desierto… el desierto en donde pasaron tantas cosas esos israelitas necios y olvidadizos como yo, dudaron como hago yo… y Dios siempre bueno, como es Él. Adoptar parece una misión imposible a la que muchos están siendo llamados. Muchos lo ignoran porque la lógica es clara y dice “esos niños ya vienen dañados… es demasiado sufrimiento… salen mal”. Este post es para todos aquellos que ya vieron la zarza ardiente, oyeron la voz de Dios y con temor han enunciado todo lo que los descalifica para ser padres de estos niños del corazón. No se desanimen. Sabiendo los retos, siendo realistas, preparándose, pero SIEMPRE recordando que durante ese tiempo en el desierto, Dios permaneció bueno, proveyó lo necesario y cumplió lo que dijo. La adopción NO es para todos, pero para los que fuimos llamados, Dios extiende su sábana cálida de gracia extravagante para permitirnos caminar en esta obediencia gozosa que no mide consecuencias. Adoptar es declarar que oímos a Dios, que empacamos para el desierto, que hay días duros pero que en NINGUNO ha faltado Su presencia ni su bondad y que tenemos la certeza de que nosotros y nuestros hijos, llegaremos a la meta, que es llegar a Sus brazos, porque es por gracia, regalo suyo, no resultado de nuestro esfuerzo humano.

Por Aixa de López


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